domingo, 24 de julio de 2011

"Venimos en son de paz ..."


El ser humano siempre ha soñado con el espacio. Ya los antiguos griegos en sus leyendas daban explicación a las constelaciones. Más adelante, cuando el hombre ya descubrió todo los descubrible en la tierra (o eso creemos), se empezó a interesar por ir al espacio. Obviamente siempre le quedó la duda de que si aquí había alguien, fuera también.

Por miedo, incompresión, o sabe dios que, siempre se narraban como horribles monstruos de extrañas formas. El cine como reflejo de la imaginación humana no se quedó atrás y ya durante la década de los 50 - 60 surgió una serie de película de ciencia ficción, en su práctica mayoria de serie B, en la que no solo se mostraba ese miedo a los desconocido, sinó también el miedo a la guerra fría. Claros ejemplos serían “La invasión de los ladrones de cuerpos” o “La cosa del espacio exterior” (No confundir con la obra homónima de John Carpenter). 

En estás películas todos los extraterrestres eran horribles monstruos con tentáculos, o cabezas deformes, con conocimientos atómicos y que no tenían otra idea que venir a colonizar la tierra. Posiblemente esto no fuera más que la idea que teníamos de lo que haríamos nosotros (“Piensa el ladrón que todos son de su condición”)

No fue hasta bien entrado la década de los 70 y con un jovencísimo director (Por aquel entonces) en que se nos presentaba a los extraterrestres como seres pacíficos que lo único que querían era aprender, y que en muchos casos, solo estaban de paso.

Este director era Steven Spielberg, que asombró a propios y extraños con su nueva visión de los alienigenas. En “Encuentros en la tercera fase” (1977) los hombrecillos del espacio exterior se comunicaban mediante música y luces. Su objetivo no era otro que aprender.


Años más tarde (En 1982), y visto el éxito, Spielberg explotó la idea de un alienigena amistoso con un éxito más rotundo y que a día de hoy no solo forma parte de la historia del cine, sino de la historia de muchos de nosotros. Con E.T., el director nos aporta una nueva visión en la que los malos no son otros que los humanos que persiguen e incluso tratan de realizar una autopsia a un extraterreste con asombrosos poderes (curación, telepatía, …), si bien el director se centra única y exclusivamente en la relación del extraterrestre y el chico que lo cuida.

En los años venideros algunos otros directores intentaron explotar con más o menos éxito, como por ejemplo John Carpenter con Starman en 1984, The abbyss de James Cameron en 1989, “El quinto elemento” de Jean-Luc Besson en 1997. Pero excepto estas películas, lo cierto es que a los humanos nos encanta ver horribles y repugnantes extraterrestres, que se las hacen pasar canutas a los protagonistas, pero terminan recibiendo su medicina. Como bien demostró Ridley Scott con Alien el octavo pasajero (1979), donde supo conjugar terror, suspense y ciencia ficción, o años más tarde Aliens de James Cameron (1986) en la que combinó acción y ciencia ficción soberbiamente, Independence Day (1996), Stargate(1994), de Roland Emmerich ambas; e innumerables películas de mejores o peores resultados 
Como última referencia a un extraterrestre amistoso y con misión pacífica, habría que añadir algo de producto nacional, ….. Sip, el cine español aportó su granito de arena. La película era “El caballero del dragón” (1985) de Fernando Colomo y el extraterrestre en cuestión era un joven Miguel Bosé (Sí, habeis leído bien)





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